El arco iris
El arco iris Ursula pasó dÃas, semanas, con el corazón abrasado por el azote. Se sentÃa cruelmente indefensa. ¿Es que su padre no se daba cuenta de lo indefensa que estaba, tan desprotegida y dolida? Él, más que nadie, deberÃa saberlo. Y la trataba asÃ. QuerÃa herirla en lo más hondo de su sensibilidad, querÃa tratarla de una manera vergonzosa, mutilarla con sus insultos.
Le ardÃa de aislamiento el corazón, como la hoguera de un centinela. No lo olvidaba, no lo olvidaba, nunca lo olvidó. Cuando recuperó el cariño por su padre, la simiente de la desconfianza y el desafÃo seguÃa ardiendo, insaciable, aunque oculta a la vista. Nunca más volvió a pertenecerle incuestionablemente. Despacio, muy despacio, el fuego de la desconfianza y el desafÃo siguió ardiendo en ella, hasta consumir el vÃnculo que lo unÃa a él.