El arco iris
El arco iris Pasaba mucho tiempo sola, se entusiasmaba por todo lo que se movía y estaba en actividad. Le encantaban los arroyos. Cada vez que encontraba un reguero de agua era feliz. Parecía como si en espíritu se viera obligada a cantar con él. Podía quedarse horas sentada a la orilla de un arroyo o un riachuelo, en las raíces de los alisos, contemplando la veloz danza del agua sobre las piedras, o entre las hojas de una rama caída. A veces, los pececillos se esfumaban antes de volverse reales, como una alucinación, a veces los aguzanieves correteaban por el borde del agua, a veces otros pajarillos se acercaban a beber. Veía pasar un martín pescador azul, como una flecha… y se ponía muy contenta. El martín pescador era la llave del mundo mágico: era el testigo del orden de los hechizos.