El arco iris
El arco iris Y es que iba a heredar su legítimo patrimonio cuando fuera al instituto. Allí, las niñas eran todas unas señoritas. Allí, se encontraría entre espíritus libres, sus compañeras y sus iguales, y todas las cosas mezquinas quedarían atrás. ¡Ay, si fuera capaz de no morderse la uñas! ¡Si no tuviera este defecto! ¡Cuánto deseaba ser perfecta! Sin mancha ni tacha, vivir una vida elevada y noble.
Le dolía que su padre fuera una carta de presentación tan modesta. Seguía siendo tan austero como siempre, como el chico de los recados, iba mal vestido, con ropa informal. Y Ursula quería túnicas y una presentación ceremoniosa para su nueva condición.
Se ilusionó con el colegio. La señorita Grey, la directora, tenía cierta belleza de carácter, plateada y señorial. El edificio escolar había sido la residencia de un caballero. Una amplia extensión de césped, oscuro y sombrío, separaba la construcción de la avenida elegante y oscura. Pero las habitaciones eran espaciosas y agradables, y por detrás daban a los jardines y los arbustos, a los árboles y la ladera de hierba del arboreto, a la ciudad arracimada en la hondonada, con sus tejados, sus cúpulas y sus sombras.