El arco iris
El arco iris A pesar de todo, el domingo seguía siendo para las dos hermanas el mejor día de la semana. Ursula lo acogía con pasión, por la sensación de seguridad eterna que le proporcionaba. Los demás días de la semana sufría angustiosos temores, percibía fuerzas poderosas que se negaban a reconocerla. La autoridad siempre le inspiraba disgusto y temor. Creía que podía hacer lo que quisiera en todo momento si lograba evitar el enfrentamiento con la Autoridad y los Poderes oficiales. Si se entregaba, sin embargo, estaría perdida, la aniquilarían. Vivía continuamente sometida a esta amenaza.
La extraña sensación de crueldad y fealdad, siempre inminentes, preparadas para atraparla, la intuición del poder hostil de la turba que la acechaba, por ser la excepción, constituía una de las influencias más profundas de su vida. En todas partes, en el colegio, entre amigos, en la calle, en el tren, se sentía instintivamente disminuida, se empequeñecía, fingía ser menos de lo que era, por miedo a que, al aflorar su personalidad oculta, fuera presa del ataque rencoroso y brutal del Ser común y corriente.