El arco iris

El arco iris

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y es que, aunque no lo supiera, el domingo era un día muy preciado para ella. Se encontraba en un lugar extraño, indefinido, en el que su espíritu podía entregarse a sus sueños sin ser cuestionado.

El espíritu de Cristo, con túnica blanca, pasaba entre los olivos. Era una visión, no era real. Y Ursula participaba del ser visionario. Una voz en la noche, llamaba: «¡Samuel, Samuel!»[11]. Y seguía llamando en la noche. Pero no esta noche, ni la noche pasada, sino en la noche insondable del domingo, en el silencio del sabbat.

Existía el Pecado, la serpiente, en quien también residía el conocimiento. Existía Judas, con el dinero y el beso.

Pero en la vida real no había pecado. Si Ursula le daba una bofeteada a Theresa, incluso en domingo, eso no era pecado, no era eterno. Era portarse mal. Si Billy hacía novillos y no iba a catequesis, era malo, era travieso, pero no era un pecador.

El pecado era absoluto y eterno: la travesura y la maldad eran temporales y relativas. Cuando Billy, que empezaba a aprender la jerga local, llamó a Cassie «pecadora», todo el mundo se enfadó con él. Pero cuando llegaba a la granja Marsh, brincando como un cachorro de perro raposero, lo bautizaban maliciosamente como «Pecador».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker