El arco iris
El arco iris Pero, claro, era la gente estricta y vulgar la que insistía en la humanidad de Cristo. Era la mentalidad vulgar la que no permitía la existencia de nada que estuviera por encima de lo humano, de nada que estuviera más allá de ella misma. Eran las manos sucias y profanadoras de los evangelistas las que querían arrastrar a Jesús a la vida corriente, vestirlo con levita y pantalón, compelerlo a un vulgar equilibrio igualitario. Era el espíritu impúdico de los barrios de la ciudad el que preguntaba: «¿Qué haría Jesús, si estuviera en mi lugar?».
Los Brangwen recelaban de todo esto. La madre era la más reacia, la más indiferente al clamor vulgar. Ella no quería nada que estuviera por encima de lo humano. En realidad nunca llegó a suscribir la pasión mística de su marido.