El arco iris
El arco iris ¿Bastaban sus manos para enfrentarse a la faz de la tierra, derrotar a las montañas en sus puestos? Aun así, su corazón quería atacar, atacar al mundo entero. Y no contaba con nada más que sus manos.
Pasaron los meses y llegó la Navidad: brotaron las campanillas de invierno. Había en el bosque, cerca de Cossethay, una pequeña hondonada donde los copos de nieve se volvían frenéticos. Le envió a Anton unas cuantas campanillas en una caja, y él respondió con una breve nota de agradecimiento: parecía muy agradecido y nostálgico. Los ojos de Ursula se volvieron infantiles y desconcertados. Desconcertada, se dejaba llevar día tras día, indefensa, arrastrada por los inevitables acontecimientos.