El arco iris
El arco iris Ursula lo abrazó en la oscuridad, volvió a sentir su cuerpo contra el suyo.
–No me dejes… Vuelve a mà –dijo.
–Sà –contestó él, estrechándola entre sus brazos.
Pero su virilidad estaba acallada por la certeza de que Ursula no se dejaba hechizar o influir por él. QuerÃa alejarse de ella. Se aferraba a la idea de que al dÃa siguiente se marchaba, de que su vida en realidad estaba en otra parte. Su vida estaba en otra parte… Su vida estaba en otra parte… El centro de su vida no serÃa para Ursula. Ella era diferente: un abismo los separaba. Eran mundos hostiles.
–¿Volverás a m� –repitió ella.
–Sà –contestó. Y lo dijo sinceramente. Pero como quien promete acudir a una cita, no como un hombre que regresa a su plenitud.
AsÃ, Ursula lo besó y volvió a casa, perdida. Él siguió hasta la granja, distraÃdo. El contacto con ella le hacÃa daño y lo amenazaba. Se asustó, querÃa liberarse del espÃritu de Ursula. Porque ella se plantarÃa delante de él como el ángel delante de Balaam, y lo guiarÃa campo a través con una espada, apartándolo de su camino.