El arco iris
El arco iris –Hace un calor sofocante –dijo la señorita Inger.
A lo lejos vieron pasar un tren, presuroso, con las luces muy tenues en el lento crepúsculo,
–Va a ver tormenta –dijo Ursula.
La tensión eléctrica se concentraba en el ambiente, cayó la oscuridad, quedaron eclipsadas.
–Creo que voy a darme un baño –dijo Winifred Inger desde la oscuridad envuelta en negros nubarrones.
–¿De noche? –preguntó Ursula.
–De noche es mejor que nunca. ¿Vienes?
–Me encantarÃa.
–No hay ningún peligro, es una finca privada. Será mejor que nos desnudemos en la cabaña antes de bajar, para no mojarnos con la lluvia.
TÃmida, tensa, Ursula entró en la cabaña y empezó a quitarse la ropa. La luz de la lámpara era muy tenue y Ursula estaba en la sombra. Winifred Inger se desnudaba al lado de otra silla.
El cuerpo impreciso y desnudo de la profesora se acercó a la muchacha.
–¿Preparada? –preguntó.
–Un momento.
Ursula apenas podÃa hablar. La mujer desnuda se encontraba a su lado, cerca, callada. Ursula estaba preparada.