El arco iris
El arco iris Se aventuraron en la oscuridad, con el aire suave de la noche en la piel.
–No veo el camino –dijo Ursula.
–Esta aquí –respondió la voz de Winifred. Y la silueta pálida y temblorosa se acercó a Ursula, cogiéndola de un brazo. Acercó a la muchacha hacia ella mientras bajaban y, al llegar a la orilla, la abrazó y la besó. Luego la cogió en brazos, estrechándola contra su cuerpo, y habló con voz suave.
–Voy a llevarte al agua –dijo.
Ursula estaba inmóvil en los brazos de su profesora, con la frente apoyada en su pecho querido y enloquecedor.
–Voy a meterte en el agua –dijo Winifred.
Pero Ursula entrelazó su cuerpo con el de la otra mujer.
Poco después la lluvia se deslizaba por las extremidades exaltadas y ardientes de las mujeres, sorprendente, deliciosa. Un chaparrón fuerte y helado las sorprendió sin previo aviso. Lo recibieron en pie, con placer. Ursula sentía la lluvia en sus pechos, su vientre y sus extremidades. Tenía frío, y un silencio profundo, insondable, brotó dentro de ella, como si una oscuridad insondable la inundara de nuevo.