El arco iris
El arco iris –Ven conmigo a Londres –le suplicó–. Me encargaré de que disfrutes: harás montones de cosas que te encantarán.
–No –dijo Ursula, testaruda y desanimada–. No quiero ir a Londres. Quiero ser yo.
Winifred sabÃa lo que esto significaba. SabÃa que Ursula empezaba a rechazarla. Su llama inagotable y delicada no consentirÃa seguir mezclándose con la vida pervertida de la joven profesora. Winifred sabÃa que este momento llegarÃa tarde o temprano. Pero era demasiado orgullosa. En lo más hondo de su alma habÃa un pozo negro de desesperación. Estaba completamente segura de que Ursula terminarÃa por abandonarla.
Y esto le parecÃa el fin de su vida. Pero estaba demasiado desesperada para enfurecerse. Con sabidurÃa, reservando lo que aún quedaba del amor de Ursula, se marchó a Londres, dejando sola a la querida muchacha.
Y al cabo de dos semanas, las cartas de Ursula volvieron a ser tiernas, amorosas. Su tÃo Tom la habÃa invitado a pasar una temporada con él. Era el director de una importante mina de carbón en Yorkshire. ¿QuerÃa Winifred acompañarla?