El arco iris
El arco iris –Es exactamente lo que parece –contestó su tÃo–. No oculta nada.
–¿Por qué están tan tristes los hombres?
–¿Están tristes? –dijo él.
–Parecen indeciblemente tristes –dijo Ursula, con voz apasionada.
–Yo no lo creo. Simplemente aceptan las cosas como vienen.
–¿Qué es lo que aceptan?
–Esto… Los pozos mineros y todo lo demás.
–¿Por qué no lo cambian? –protestó Ursula con ardor.
–Creen que son ellos los que deben cambiar para adaptarse a los pozos y al ambiente, en lugar de cambiar los pozos y el ambiente para que se adapte a ellos. Es más fácil.
–Y tú estás de acuerdo –exclamó su sobrina, incapaz de soportarlo–. Tú piensas como ellos: que los seres humanos tienen que adaptarse a toda clase de horrores. PodrÃamos prescindir de los pozos y asunto resuelto.
Brangwen sonrió, incómodo, con cinismo. Ursula volvió a sentir repugnancia y odio por su tÃo.
–Yo creo que su vida en realidad no es tan mala –dijo Winifred Inger, situándose por encima de la tragedia propia de Zola.