El arco iris
El arco iris La verdadera amante de su tÃo era la máquina, y la verdadera amante de Winifred era la máquina. También Winifred veneraba la impura abstracción, los mecanismos de la materia. AhÃ, ahÃ, en la máquina, al servicio de la máquina, se liberaba de las trabas y la degradación de los sentimientos humanos. AhÃ, en el monstruoso mecanismo que atrapaba toda la materia, viva o muerta, a su servicio, alcanzaba Winifred su consumación y su armonÃa perfecta, su inmortalidad.
El corazón de Ursula se llenó de odio. Si pudiera, harÃa pedazos la máquina. La misión de su espÃritu serÃa hacer pedazos la gigantesca máquina. Si pudiera destrozar la mina y dejar a todos los hombres de Wiggiston sin trabajo, lo harÃa. Más les valÃa pasar hambre y escarbar en la tierra en busca de raÃces que servir a semejante Moloch.
Odiaba a su tÃo Tom, odiaba a Winifred Inger. Tomaron el té en el invernadero. Era un espacio agradable, entre unos pocos árboles, al final de un pulcro jardÃn, en el linde de un prado. Ursula tenÃa la sensación de que su tÃo y Winfred se burlaban de ella, de que la rebajaban. Se sentÃa abatida y desolada. Pero no estaba dispuesta a rendirse.