El arco iris
El arco iris Este largo trance de maternidad complaciente hizo que Anna Brangwen siguiera siendo una mujer joven e inmadura. Apenas tenía un día más que cuando nació Gudrun. En todos estos años no había pasado nada para ella, descontando el nacimiento de los niños, no se había interesado por nada que no fueran los cuerpos de sus hijos recién nacidos. En cuanto los niños cobraban conciencia, en cuanto se veían obligados a hacerse cargo de su propia satisfacción, la madre los desterraba. Aun así, seguía reinando en la casa. Will Brangwen continuaba sumido en una especie de fértil letargo de ardor físico, unido a su mujer. Ninguno de los dos era del todo individual, no habían llegado a definirse como seres individuales, tan dominados estaban por el ardor físico de tener hijos y cuidar de su prole.
¡Cuánto exasperaba a Ursula esta situación, cómo se rebelaba contra la vida asfixiante, física y limitada del rebaño doméstico! Serena, plácida, imperturbable como siempre, Anna Brangwen conservaba su domino a través de la maternidad física.