El arco iris
El arco iris Me sentiré muy orgullosa de ver que una de mis alumnas se gana su independencia económica, porque eso significa mucho más de lo que parece. Me alegrará mucho saber que una de mis alumnas ha logrado asegurarse los medios para elegir libremente y por su cuenta.
Sonaba todo deprimente y desesperado. Le pareció abominable. Pero el desprecio de su madre y la aspereza de su padre la herÃan en lo más vivo, sabÃa que era humillante vivir como un parásito, sentÃa la espina lacerante del juicio animal de su madre.
Por fin tuvo que contarlo. Dura, callada y encerrada en sà misma, entró una noche en el cobertizo. Oyó los golpes del martillo contra el metal. Su padre levantó la cabeza al abrirse la puerta. Estaba acalorado y radiante de instinto, como cuando era joven, el bigote negro recortado sobre la boca grande, el pelo negro, fino y tupido como siempre. Pero tenÃa un aire abstraÃdo, una especie de distancia esencial que lo alejaba de los asuntos humanos. Era un obrero. Vio el gesto inexpresivo y duro de su hija. Una rabia ardiente brotó en su pecho y sus entrañas.
–Y ¿ahora qué pasa? –dijo.
–¿Puedo –contestó ella, sin mirarlo–, puedo irme a trabajar?
–A trabajar ¿para qué?
La voz de su padre sonó severa, firme y vibrante. Ursula no lo soportaba.