El arco iris
El arco iris Kingston-on-Thames era una antigua localidad histórica, justo al sur de Londres. Allí vivía gente digna y de buena cuna que pertenecía a la metrópoli pero amaba la paz. Allí conocía a una maravillosa familia de muchachas que vivían en una antigua mansión de los tiempos de la reina Ana, con jardines de césped que bajaban hasta el río, y, en un ambiente de majestuosa paz, se sentía entre almas gemelas. Las quería a todas como hermanas, compartían con ella sus nobles ideales.
Volvía a sentirse feliz. En sus fantasías, desplegaba sus pobres alas maltrechas y volaba a la pureza del empíreo.
Pasaron los días. No hablaba con sus padres. Le devolvieron sus recomendaciones de Gillingham. No la aceptaban… Tampoco en Swanwick. La amargura del rechazo sucedió a la dulzura de la esperanza. Sus brillantes alas volvían a estar en el polvo.
Entonces, inesperadamente, cuando habían transcurrido dos semanas, llegaron noticias de Kingston-on-Thames. Tenía que presentarse el jueves próximo, para una entrevista con el comité. Se le paró el corazón. Estaba segura de conseguir que el comité la aceptara. Ahora que su partida era inminente, Ursula tenía miedo. Le temblaba el corazón de reticencia y temor. Pero su voluntad seguía firme.