El arco iris
El arco iris Brangwen se volvió a ella, todavía distraído, de mala gana.
–Ah, ¿dónde?
–En Kingston-on-Thames. Tengo que ir el jueves para hacer una entrevista con el comité.
–¿Tienes que ir el jueves?
–Sí –dijo Ursula.
Y le tendió la carta. Él la leyó a la luz de las velas:
Ursula Brangwen, Yew Tree Cottage, Cossethay, Derbyshire.
Estimada, señorita:
Rogamos se presente en las oficinas arriba indicadas el próximo jueves, día 10, a las 11:30 h, para una entrevista con el comité, en relación con su solicitud para ocupar el puesto de maestra auxiliar en el colegio Wellingborouh Green.
A Brangwen le costaba mucho asimilar esta información oficial y lejana en la luminosa quietud de su iglesia y su música.
–Y ¿tienes que venir a molestarme precisamente ahora? –dijo con impaciencia, devolviéndole la carta.
–Tengo que ir el jueves –dijo Ursula.
Su padre se quedó quieto. Luego cogió otra partitura, se oyó una ráfaga de aire, seguida de una nota larga y enfática, como una trompeta, al posarse las manos en el teclado. Ursula dio media vuelta y desapareció.