El arco iris
El arco iris –¡Tantos! –exclamó Ursula, con amabilidad. Entonces cayó en la cuenta–. Pero no son todos para su clase, ¿verdad?
–¿Cómo que no? –contestó el profesor, con una nota agresiva en la voz. Ursula estaba muy asustada por la manera mecánica de no hacerle caso y las respuestas sin rodeos del profesor. La situación era nueva para ella. Nunca la habÃan tratado de ese modo, como si no valiera nada, como si fuera una máquina.
–Son muchÃsimas –dijo, comprensiva.
–Tú tendrás que hacer las mismas –dijo él.
Y esto fue lo único que Ursula recibió. Estaba perpleja, no sabÃa a qué atenerse. Sin embargo, aquel hombre le agradaba. ParecÃa muy enfadado. TenÃa un aire curioso, seco, arisco, que la atraÃa y la intimidaba al mismo tiempo. Un aire muy frÃo y contrario a su propia naturaleza.
Se abrió la puerta y apareció una joven bajita, de aspecto neutro, que aparentaba unos veintiocho años.
–¡Ah, Ursula! –exclamó la recién llegada–. ¡Has llegado temprano! ¡Caramba!, te garantizo que no aguantarás. Ésa es la percha del señor Williamson. La tuya es ésta. La que corresponde a las maestras de quinto curso. ¿No vas a quitarte el sombrero?