El arco iris
El arco iris Se oyó un silbato agudo, y las de sexto, las mayores, echaron a andar encabezadas por la señorita Harby. Ursula iba a continuación, con su grupo de quinto. Esperaba en un pasillo estrecho, junto a una fila de niñas que intercambiaban risitas y muecas. Quién era ella, no lo sabía.
De repente empezó a oírse un piano, y el grupo de sexto desfiló por el aula haciendo eco. Los chicos habían entrado por otra puerta. El piano seguía interpretando una marcha militar. El grupo de quinto se acercó a la puerta del aula. Al fondo se veía al señor Harby, en su escritorio. El señor Brunt custodiaba la otra puerta del aula. La clase de Ursula se abrió paso. Ursula seguía al lado de las niñas, que miraban a todas partes, con risitas, y se empujaban.
–Vamos –dijo Ursula.
Las niñas se reían con disimulo.
–Vamos –dijo Ursula, porque el piano seguía tocando.
Entraron atropelladamente en el aula. El señor Harby, que parecía absorto en algo, encorvado sobre su mesa, levantó la cabeza y vociferó:
–¡Alto!