El arco iris
El arco iris Al otro lado del aula se oyó una rápida ráfaga de preguntas. Se quedó quieta, delante de su clase, sin saber qué hacer. Esperó, dolorosamente. El bloque de niños, cincuenta rostros desconocidos, la observaba con gesto hostil, dispuesto a burlarse a la primera oportunidad. Ursula se sentía torturada por una hoguera de rostros. Y estaba desnuda frente a ellos en todos los sentidos. Los segundos pasaban, como una tortura indescriptiblemente lenta.
Por fin se armó de valor. Oyó que el señor Brunt hacía preguntas de cálculo mental. Acercándose a los alumnos para no tener que levantar la voz demasiado, titubeando, insegura, dijo:
–¿Siete sombreros a dos peniques y medio cada uno?
Los alumnos reaccionaron haciendo una mueca. Ursula estaba colorada, sufriendo. Entonces varias manos se levantaron como espadas, y la maestra pidió la respuesta.