El arco iris
El arco iris La señorita Schofield cogió su plato marrón, y Ursula la siguió con el suyo en la mano. En la agradable aula de tercero, el mantel estaba puesto y había en la mesa un tarro con dos o tres rosas.
–Qué bonito es esto, qué distinto consigues que sea –dijo Ursula alegremente. Pero estaba asustada. El ambiente del colegio era opresivo.
–El aula grande –dijo Maggie Schofield–. ¡Es una desgracia estar ahí!
También ella hablaba con amargura. También ella vivía en la humillante posición de una servidora superior odiada por el director, por arriba, y por los alumnos, por abajo. Sabía que en cualquier momento podía recibir un ataque de cualquiera de las dos partes, incluso de las dos al mismo tiempo, porque las autoridades escucharían las quejas de los padres, y ambas partes se pondrían en contra de la autoridad espuria de la maestra.
Así, había en Maggie Schofield cierta distancia, dura y amarga, mientras se servía un sabroso plato de alubias doradas y caldo de color marrón.
–Es un guiso vegetariano –dijo–. ¿Quieres probarlo?
–Me encantaría –contestó Ursula.
Su comida parecía desagradable y vulgar al lado de aquel plato sabroso y limpio.
–Nunca he probado la comida vegetariana –dijo–. Pero seguro que está rica.