El arco iris
El arco iris –En realidad no soy vegetariana –dijo Maggie–. Pero no me gusta traer carne al colegio.
–No –dijo Ursula–. Creo que a mà tampoco.
Y, una vez más, su espÃritu respondió a la llamada de un refinamiento desconocido, de una libertad desconocida. Si todas las comidas vegetarianas eran tan buenas como aquélla, renunciarÃa encantada a la leve impureza de la carne.
–¡Qué bueno! –exclamó.
–Sà –dijo la señorita Schofield, y empezó a explicarle la receta. A continuación hablaron de ellas. Ursula le contó cómo habÃa sido su vida en el instituto, y le habló de su reválida, presumiendo un poco. Se sentÃa insignificante en aquel ambiente tan feo. Maggie la escuchaba con gesto agradable y pensativo, aunque muy sombrÃo.
–¿No conseguiste encontrar un colegio mejor que éste? –preguntó al fin.
–No sabÃa cómo era –dijo Ursula, con reserva.
–¡Ah! –dijo la señorita Schofield, volviendo la cabeza con pesar.
–¿Es tan horroroso como parece? –preguntó Ursula, asustada, frunciendo ligeramente el ceño.
–Lo es –asintió la señorita Schofield con amargura–. ¡Ja! Es odioso.