El arco iris
El arco iris –¿Cómo es posible? –dijo el señor Harby, en tono amenazante. Acto seguido, mirando a los niños, preguntó–: ¿Cuántos han venido hoy?
–Cincuenta y dos –dijo Ursula, pero él empezó a contar a los niños, sin hacerle caso.
–Cincuenta y dos –dijo–. Y ¿cuántas plumas hay, Staples?
Ursula no dijo nada. El director harÃa caso omiso de su respuesta, porque habÃa dirigido la pregunta al delegado.
–Qué cosa tan rara –dijo el señor Harby, mirando a los niños silenciosos con una leve mueca de ira. Todos lo miraban asustados, con gesto ausente–. Hace unos dÃas –continuó– habÃa sesenta plumas para esta clase. Ahora hay cuarenta y ocho. ¿Cuánto es sesenta menos cuarenta y ocho, Williams? –La pregunta causó una intriga siniestra. Un niño delgado, con cara de hurón y traje de marinero, se sobresaltó más de lo razonable.
–¡Por favor, señor! –dijo. A continuación hizo una mueca lenta y tÃmida. No lo sabÃa. Hubo un silencio tenso. El niño agachó la cabeza. Luego volvió a levantar la vista, con ligera expresión de triunfo y astucia, y contestó–: Doce.
–Te aconsejo que estés más atento –le advirtió el director. El niño se sentó.