El arco iris
El arco iris –Sé que Vernon a veces es difÃcil… Pero creo que esto ha sido excesivo. Tiene señales por todo el cuerpo.
El señor Harby, firme e impasible, esperaba ahora que la escena terminara cuanto antes, con los ojos chispeantes y ligeramente fruncidos en las comisuras por una sonrisa irónica. Se sentÃa dueño de la situación.
–Y estaba muy enfermo. Era imposible que hoy viniera al colegio. No podÃa sostener la cabeza.
Ursula seguÃa sin responder.
–Comprenderá usted por qué ha faltado –dijo la mujer, volviéndose al señor Harby.
–SÃ, claro –dijo el director, con indiferencia y aspereza. Ursula detestaba su triunfalismo masculino. Y aborrecÃa a la mujer. Lo aborrecÃa todo.
–Tenga en cuenta, señor, que padece del corazón. Se pone muy enfermo después de una cosa asÃ.
–Sà –dijo el director–, lo tendré en cuenta.
–Sé que es un chico difÃcil –la mujer ahora se dirigÃa únicamente al director–, pero si pudieran castigarlo sin pegarle… De verdad está muy delicado.
Ursula empezaba a hartarse. El señor Harby conservaba su aire de autoridad suprema, y la mujer se aferraba a él en busca de su punto sensible.
–TenÃa que venir a explicar por qué ha faltado esta mañana, señor. Usted lo comprenderá.