El arco iris
El arco iris Ahora, todas las horas que pasaba en clase, menos los ratos en el laboratorio de botánica, donde el misterio aún conservaba su esplendor, Ursula se sentÃa degradada, inmersa en una parodia, en un intercambio de baratijas.
Los últimos trimestres siempre estaba enfadada y tensa. PreferÃa estar fuera y ganarse la vida. Incluso la calle Brinsley y el señor Harby le parecÃan reales en comparación con este ambiente. La violencia con que habÃa odidado la escuela de Ilkeston no era nada comparada con la estéril degradación de la universidad. Pero tampoco querÃa volver a la calle Brinsley. ObtendrÃa su licenciatura y darÃa clases por algún tiempo en algún centro de enseñanza secundaria.
El último año de carrera transcurrió muy despacio. Ursula veÃa acercarse el momento del examen y la partida. Y notaba el sabor a ceniza de la desilusión. ¿SerÃa su paso siguiente igual que éste? Siempre un umbral luminoso en la lejanÃa, y luego, al acercarse, resultaba que el umbral luminoso era la puerta de acceso a otro patio miserable, sucio, activo y muerto. Siempre la cumbre resplandecÃa bajo el cielo, y luego, al alcanzarla, únicamente alcanzaba a ver otro valle sórdido rebosante de actividad infame y amorfa.