El arco iris
El arco iris Y ahora volvía a tener noticias de él. Tenía sobre todo una sensación de dolor. El placer, el goce espontáneo se habían esfumado. Su voluntad se alegró sin embargo. Su voluntad se había adherido a él. Y la antigua emoción de sus sueños se agitó y despertó una vez más. Había regresado el hombre de los labios prodigiosos, capaces de estremecer los confines del espacio con sus besos. ¿Había regresado a ella? Ursula no podía creerlo.
Mi querida Ursula, he vuelto a Inglaterra, donde pasaré unos meses antes de marcharme de nuevo, esta vez a la India. No sé si todavía conservas el recuerdo de los momentos que pasamos juntos. Yo aún conservo tu retrato. Debes de haber cambiado mucho desde entonces, porque han pasado casi seis años. Yo soy enteramente seis años mayor, he vivido toda una vida desde que te conocí en Cossethay. No sé si te gustaría verme. Estaré en Derby la semana próxima, me acercaría a Nottingham y podríamos tomar el té. ¿Qué te parece? Espero tu respuesta.
Anton Skrebensky
Ursula había recogido la carta en el casillero del vestíbulo de la universidad, y rasgó el sobre mientras iba a la sala de alumnas. Tuvo la sensación de que el mundo se diluía a su alrededor, se encontraba sola, envuelta en un aire limpio.