El arco iris
El arco iris ¿Dónde podía estar sola? Subió corriendo las escaleras y encaminó sus pasos a la biblioteca de consulta. Cogió un libro, se sentó y meditó sobre la carta. Le latía violentamente el corazón, le temblaban las piernas. Como en sueños, oyó el eco de un timbre en el edificio, seguido extrañamente de otro. La primera clase había terminado.
Inmediatamente, cogió un cuaderno y empezó a escribir.
Querido Anton: Sí, todavía conservo el anillo. Me gustaría mucho verte. Puedes venir a la universidad, o podemos quedar en la ciudad, en cualquier parte. ¿Qué te parece? Tu sincera amiga…
Temblando, le pidió un sobre a la bibliotecaria, que era amiga suya. Cerró el sobre, escribió la dirección y salió, sin sombrero, a echar la carta. Al meterla en el buzón, el mundo se transformó en un lugar muy sereno y pálido, sin límites. Regresó dando un paseo a la universidad, a su pálido sueño, semejante al tenue destello del amanecer.