El arco iris
El arco iris –La verdad es que no –habÃa dicho la doctora Frankstone–, no veo por qué razón deberÃamos atribuir a la vida un misterio especial… ¿Tú sÃ? De momento no la comprendemos como comprendemos la electricidad, pero eso no nos permite asegurar que la vida sea algo especial, algo diferente y distinto de todo lo que existe en el universo… ¿Tú crees que sÃ? ¿No podrÃa ser que la vida consista en un conjunto de reacciones fÃsicas y quÃmicas complejas, de la misma naturaleza que los hechos que la ciencia ya conoce? La verdad es que no veo por qué tenemos que imaginar que existe un orden especial para la vida, y exclusivamente para la vida…
La conversación habÃa terminado con una nota de incertidumbre, de indefinición, de nostalgia. Pero la finalidad, ¿cuál era la finalidad? La electricidad no tenÃa alma, la luz y el calor no tenÃan alma. ¿Era ella, pensaba Ursula, una fuerza impersonal o una conjunción de fuerzas, como aquellas otras? SeguÃa observando al microscopio la sombra unicelular que reposaba en el campo de luz. Estaba viva. La veÃa moverse: veÃa la bruma luminosa de su actividad ciliar, veÃa el destello del núcleo, lo veÃa deslizarse a través del plano de la luz. ¿Cuál era su voluntad? Si se trataba de una conjunción de fuerzas, fÃsicas y quÃmicas, ¿qué mantenÃa unidas a estas fuerzas, y con qué finalidad se aliaban?