El arco iris
El arco iris Él no entendió qué quería decir. Desde hacía un buen rato no oía nada. Entonces tomó conciencia del rugido del viento, como si se hubiera reanudado en ese preciso instante.
–Sí –contestó, sin comprender. Y sintió una contracción del corazón, breve y dolorosa, una leve tensión de las cejas. Algo que quería atrapar y no podía.
–¿La querrás? –preguntó ella.
La misma contracción rápida, el mismo dolor, lo asaltaron de nuevo.
–Ya la quiero –dijo.
Ella seguía quieta, pegada a él, recibiendo el calor de su cuerpo sin darse cuenta. Era para él sumamente tranquilizador sentirla tan cerca, absorbiendo su calor a la vez que le entregaba su peso y su extraña confianza. Pero ¿dónde estaba ella y por qué parecía tan ausente? Brangwen no salía de su asombro. No la conocía.
–Pero soy mucho mayor que tú –dijo ella.
–¿Cuántos años tienes?
–Tengo treinta y cuatro.
–Yo tengo veintiocho –dijo él.
–Son seis años.