El arco iris
El arco iris Vio que Ursula se había quedado pensativa, desconcertada.
–Creo que no quiero casarme contigo –dijo.
Y Skrebensky se sintió muy herido en su orgullo.
–¿Por qué no? –preguntó.
–Ya pensaremos en eso más adelante, ¿de acuerdo? –dijo ella.
Estaba contrariado, pero la amaba desesperadamente.
–Te has puesto de morros –dijo.
–¿De verdad? –dijo Ursula, y su expresión se iluminó como una llama pura. Pensó que se había librado. Pero él volvió a la carga… No estaba satisfecho.
–¿Por qué? ¿Por qué no quieres casarte conmigo?
–No quiero estar con los demás –dijo Ursula–. Quiero vivir así. Si alguna vez quiero casarme contigo, ya te lo diré.
–Muy bien –contestó él.
En realidad prefería dejar las cosas en un estado indefinido, que fuera ella la que tomara la responsabilidad.
Hablaron de las vacaciones de Pascua. Ursula solo pensaba en disfrutar plenamente.