El arco iris
El arco iris Se alojaron en un hotel de Piccadilly. Ella se hizo pasar por su mujer. Compraron unas alianzas, por un chelÃn, en un barrio humilde.
HabÃan renunciado por completo al mundo corriente y mortal. Estaban poseÃdos de confianza. Estaban poseÃdos. Se sentÃan total e insuperablemente libres, desmedidamente orgullosos, ajenos a los condicionamientos de los mortales.
Eran perfectos, por tanto nada más existÃa. El mundo era un mundo de siervos a los que despreciaban con cortesÃa. En todas partes eran una pareja de aristócratas sensuales, cálidos, resplandecientes que observaban con puro orgullo de los sentidos.
Causaban en los demás un efecto extraordinario. El encanto que irradiaba la pareja impregnaba a todos los que tenÃan alguna relación con ellos, camareros o conocidos ocasionales.
–Oui monsieur le baron –respondÃa Ursula, haciendo una reverencia burlona a su marido.
Y asà los trataban como a gente con tÃtulo. Skrebensky era oficial del cuerpo de ingenieros. Estaban recién casados y muy pronto se irÃan a la India.