El arco iris
El arco iris Irradiaban un halo de romanticismo. Ursula llegaba a creer que era una joven casada con un noble en vísperas de su partida a la India. Aquella realidad social era una fantasía deliciosa. En la realidad verdadera eran hombre y mujer, absolutos y ajenos a cualquier clase de limitaciones.
Transcurrían los días, iban a pasar tres semanas juntos, su éxito sería perfecto. No existía más realidad que ellos, el mundo exterior les rendía tributo. Se mostraban despreocupados con el dinero, aunque nunca incurrían en extravagancias. Skrebensky se quedó pasmado al darse cuenta de que había gastado veinte libras en algo menos de una semana, pero lo único que le fastidiaba era tener que ir al banco. Seguía supeditado a la maquinaria del antiguo sistema, pero no al sistema. El dinero sencillamente no existía.
Tampoco existía ninguna de sus antiguas obligaciones. Volvían al hotel, después de ir al teatro, cenaban, se desnudaban y holgazaneaban en bata. Disponían de un dormitorio amplio y una elegante salita de esquina, aislada y muy acogedora. Hacían todas las comidas en sus habitaciones, atendidos por Hans, un joven alemán que los consideraba maravillosos a los dos. Respondía con diligencia.
Gewiss, Herr Baron… Bitte sehr, Frau Baronin[29].