Historias de lo oculto
Historias de lo oculto El niño la observó para averiguar si decÃa aquello sinceramente. Pero se dio cuenta, por la expresión de su boca, que tan sólo trataba de ocultarle alguna cosa.
—Bueno, de cualquier modo —dijo el niño, resueltamente—, yo sà soy una persona de suerte.
—¿Por qué? —dijo su madre, con una risa repentina.
Él la miró fijamente. Ni siquiera él sabÃa por qué habÃa dicho aquello.
—Dios me lo ha dicho —afirmó, con desfachatez.
—¡Me gustarÃa que asà fuera, querido! —dijo ella, riéndose de nuevo, pero de un modo un tanto amargo.
—¡Me lo ha dicho, madre!
—¡Excelente! —dijo la madre, empleando una de las exclamaciones de su marido.
El niño se dio cuenta de que no le creÃa; o, mejor dicho, de que no prestaba atención a su afirmación. Aquello le irritó, en alguna parte dentro de sà mismo, y le hizo desear forzarla a prestarle atención.