Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¡Vas a romper tu caballo, Paul! —le decÃa la niñera.
—¡Siempre cabalga de este modo! ¡Me gustarÃa que dejara de hacerlo! —decÃa su hermana mayor, Joan.
Pero él se limitaba a mirarlas en silencio desde el caballo. La niñera le dejó por imposible. No le hacÃa ningún caso. De cualquier modo, era ya casi más alto que ella.
Cierto dÃa, su madre y su tÃo Oscar entraron durante una de sus furiosas cabalgadas. No les habló.
—¡Hola, joven jockey! ¿Montando a un campeón? —dijo su tÃo.
—¿No eres ya demasiado mayor para un caballo mecedor? Ya no eres ningún niño pequeño, ¿sabes? —dijo su madre.
Pero Paul se limitó a arrojarles una mirada de sus ojos azules entrecerrados. No hablaba con nadie cuando estaba lanzado a toda velocidad. Su madre le observó con una expresión inquieta en el rostro.
Finalmente, el niño se detuvo súbitamente, poniendo su caballo en un galope mecánico, y se bajó de él.
—¡Bueno, llegué! —anunció, furiosamente, centelleándole todavÃa sus ojos azules y con las piernas separadas.
—¿Dónde has llegado? —preguntó su madre.
—Donde querÃa ir —le disparó en respuesta.