Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Bueno… No quiero que se decepcione… Es un joven aficionado, un buen aficionado, señor. ¿No preferirÃa preguntárselo a él directamente? Se divierte con eso, y quizá pensarÃa que le he traicionado, señor, sin ánimo de ofenderle.
Bassett estaba serio como un obispo.
El tÃo volvió a su sobrino y lo llevó a pasear en coche.
—Dime, Paul, viejo, ¿has apostado alguna vez por un caballo? —preguntó el tÃo.
El niño observó atentamente a aquel hombre bien parecido.
—Bueno, ¿crees que no deberÃa? —dijo evasivamente.
—¡No es eso! Pensaba que quizá pudieras aconsejarme para el Lincoln.
El coche salió de la ciudad, en dirección a la casa de tÃo Oscar en Hampshire.
—¿Palabra de honor? —dijo el sobrino.
—¡Palabra de honor, chico! —dijo el tÃo.
—¡Bueno! Pues: ganará Daffodil.
—¡Daffodil! Lo dudo, muchacho. ¿Qué te parece Mirza?
—Sólo conozco al ganador —dijo el niño—. Será Daffodil.
—Daffodil, ¿eh?