Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Apuesto trescientas —dijo el niño, gravemente—. ¡Pero queda entre tú y yo, tÃo Oscar! ¿Palabra de honor?
El tÃo prorrumpió en una abierta carcajada.
—¡De acuerdo! Entre tú y yo, joven Nat Gould —dijo, riendo—. Pero ¿dónde tienes las trescientas?
—Bassett me las guarda. Somos socios.
—¡Sois socios, claro! ¿Y qué apuesta Bassett por Daffodil?
—No tanto como yo, creo. Puede que ciento cincuenta.
—¿Qué? ¿Peniques? —se burló el tÃo.
—Libras —dijo el niño, con una mirada de sorpresa a su tÃo—. Bassett guarda una reserva mayor que la mÃa.
El tÃo Oscar, entre asombrado y divertido, guardó silencio. No siguió hablando del asunto, pero decidió llevarse a su sobrino a las carreras de Lincoln.
—Mira, chico —dijo—, apostaré veinte a Mirza, y apostaré por ti cinco libras por cualquier caballo que me digas. ¿Cuál eliges?
—Daffodil, tÃo.
—¡No! ¡Cinco libras por Daffodil, no!
—Lo harÃa si fueran mÃas —dijo el niño.
—¡Muy bien! ¡Muy bien! Tienes razón. Cinco libras por mà y cinco por ti a Daffodil.