Historias de lo oculto
Historias de lo oculto El niño no habÃa estado nunca antes en unas carreras, y sus ojos eran azul fuego. FruncÃa los labios y observaba. Un francés, justo delante suyo, habÃa puesto su dinero en Lancelot. Enloquecido de excitación, sacudÃa los brazos arriba y abajo, aullando: «¡Lancelot! ¡Lancelot!» con su acento francés.
Daffodil llegó primero, Lancelot segundo, Mirza tercero. El niño, aunque encarnado y con los ojos ardientes, estaba curiosamente sereno. Su tÃo le trajo cuatro vales de cinco libras: cuatro contra uno.
—¿Qué tengo que hacer con esto? —gritó su tÃo, blandiendo los vales delante de sus ojos.
—Supongo que debemos hablar con Bassett —dijo el niño—. Creo que ahora debo tener mil quinientas, y veinte en reserva; y estas veinte.
Su tÃo le escrutó el rostro unos momentos.
—¡Vamos, chico! —dijo—. No hablas en serio sobre Bassett y esas mil quinientas, ¿verdad?
—Claro que hablo en serio. Pero queda entre tú y yo, tÃo. ¿Palabra de honor?
—¡De acuerdo, chico! ¡Palabra de honor! Pero debo hablar con Bassett.