Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Si quieres ser socio, tÃo, con Bassett y conmigo, podemos ser todos socios. Sólo que me tienes que prometer, tÃo, palabra de honor, que esto no saldrá de nosotros tres. Bassett y yo tenemos suerte, y tú debes tener suerte, ya que fue con tus diez peniques que empecé ganando…
TÃo Oscar se llevó cierta tarde a Bassett y a Paul al parque de Richmond, y hablaron.
—La cosa es ésta, señor —dijo Bassett—: el señorito Paul hablaba conmigo de cosas de las carreras, hilando cuentos, ya sabe usted, señor. Y él siempre decÃa saber si yo ganarÃa o perderÃa. Ahora hará un año, aposté por él cinco chelines a Bush of Dawn, y perdimos. Luego cambió la suerte con diez chelines que usted le dio, y que apostamos a Singhalese. Y, desde entonces, todo ha ido perfectamente, a fin de cuentas. ¿Qué dice usted, señorito Paul?
—Todo va bien cuando estamos seguros —dijo Paul—. Sólo nos va mal cuando no estamos completamente seguros.
—¡Oh! Pero entonces somos prudentes —dijo Bassett.
—Pero ¿cuándo están seguros? —sonrió tÃo Oscar.