Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¡Malabar! ¡Malabar! ¿No dije yo Malabar, madre? ¿No dije Malabar? ¿No crees que tengo buena suerte, madre? ¿Supe a Malabar, verdad? ¡Más de ochenta mil libras! A eso le llamo suerte, ¿no, madre? ¡Más de ochenta mil libras! ¡Lo sabÃa! ¿No sabÃa que lo sabÃa? Malabar ha llegado primero. Si cabalgo en mi caballo hasta estar seguro, entonces, Bassett, te digo que se puede apostar todo lo alto que se quiera. ¿Fuiste con todo lo que tenÃas, Bassett?
—Fui con mil, señorito Paul.
—Nunca te habÃa dicho, madre, que si puedo cabalgar mi caballo, y llegar allÃ, entonces estoy absolutamente seguro… ¡Oh, absolutamente! Madre, ¿no te lo habÃa dicho? ¡Tengo buena suerte!
—No, no me lo habÃas dicho —dijo su madre.
Pero el niño murió durante la noche.
Y, mientras el niño yacÃa muerto, su madre oyó la voz de su hermano diciéndole:
—¡Dios mÃo, Ester! Tienes ahora ochenta mil libras a favor, y a un pobre diablo de hijo en contra. Pero, pobre diablo, ¡pobre diablo! Es mejor que haya abandonado una vida en la que cabalga en su caballo mecedor para encontrar ganadores.