Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Ahora se me ocurre pensar que ella estaba siempre un poco triste cuando estábamos juntos. Puede que mirara sobre mares que jamás cruzarÃa. PertenecÃa, definitiva y fatalmente, a su propia clase. Sin embargo, pienso que los odiaba. Cuando se encontraba en un grupo de gente que hablaba «fuerte», tÃtulos y beau monde y todo eso, su naricilla un tanto demasiado corta se giraba hacia arriba, su ancha boca se fruncÃa en gesto de descontento, y sobre sus hombros se abatÃa una languidez de cansada irritación. Cansada irritación, y hastÃo de los trepadores, hastÃo de la misma escalera. Odiaba a su propia clase; y, sin embargo, su clase era sacrosanta para ella. Le disgustaba, incluso conmigo, mencionar el tÃtulo de sus amigos. Sin embargo, el mismo resentimiento apresurado con que decÃa, cuando yo le preguntaba: «¿Quién es?»
—Lady Nithsdale, Lord Staines, viejos amigos de mi madre, demostraba que la corona del tÃtulo estaba acuñada en su frente, como un anillo de hierro dentro de un árbol.
TenÃa otra clase de reverencia por un auténtico artista, quizá más genuina, quizá no; de cualquier modo, más libre y desenvuelta.