Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Luke había tenido un curioso cambio. Su cuerpo parecía haber cobrado vida dentro de la tela negra de su traje; sus ojos tenían dentro una luz de osadía, sus largas mejillas un toque de rojo, y su cabello negro le caía suelto sobre la frente. Volvía a producir un tanto esa sensación de oficial de la guardia lleno de bienestar y de exigencias de lo mejor de la vida que observé en él la primera vez que le vi. Pero ahora aquello era un poco más florido, desafiante, con un toque de demencia.
Miraba a Carlotta con una gentileza y un afecto pavorosos. Pero se sintió encantado de devolvérmela para otro baile. También él se sentía atemorizado por ella: como si con ella hubiera operado su mala suerte. En cambio, en una palpitación de cruda brutalidad, sentía que no operaría con la mujer morena. Así que me cedió a Carlotta con alivio, como si conmigo ella estuviera a salvo de la fatalidad de su mala suerte. Y como si él, por su parte, estuviera también a salvo con la otra mujer. Ya que la otra mujer estaba fuera del círculo.