Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¿Otro baile? ¿Vamos con un tango? —dijo lord Lathkill—. ¿Lo más parecido a un tango que podamos conseguir?
—Yo… Yo… —empezó el coronel, girándose sobre su asiento—. Yo no estoy seguro…
Carlotta se estremeció. Me pareció que algo helado me tocaba las entrañas. La señora Hale estaba tiesa, como una columna de roca salina marrón, mirando a su marido.
—Mejor será que lo dejemos —murmuró lady Lathkill, poniéndose en pie.
Luego hizo una cosa extraordinaria. Levantó el rostro, miró hacia el otro extremo de la sala, y dijo, súbitamente, con voz clara y como cruel:
—¿Estás aquÃ, Lucy?
Hablaba a los espÃritus. Muy hondo dentro de mà brincó una convulsión de risa. Deseaba aullar de risa. Luego, instantáneamente, volvà a quedar inerte. Unas tinieblas heladas parecieron intensificarse en la habitación, y todo el mundo parecÃa abrumado. El coronel seguÃa sentado en el taburete del piano, amarillo y acurrucado, con una terrible y vil expresión de culpabilidad en el rostro. Se hizo el silencio, y en él pareció crujir el frÃo. Luego volvió a oÃrse el peculiar timbre como de campana de la voz de lady Lathkill:
—¿Estás aqu� ¿Qué deseas de nosotros?