Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Ven —le dije—. Bailemos. Bailaremos en el sentido contrario.
Bailó conmigo, pero estaba ausente, desganada. Las vacÃas tinieblas de la casa, la sensación de frÃo y de mortecina oposición nos oprimÃan. Yo contemplaba retrospectivamente mi vida, y pensaba en cómo el frÃo peso de un espÃritu muerto destruÃa lentamente el calor y la vitalidad de todas las cosas. La misma Carlotta estaba nuevamente aterida, frÃa, se resistÃa incluso contra mÃ. Aquello parecÃa afectarla al por mayor.
—Hay que elegir la vida —le dije, mientras bailábamos.
Pero yo no podÃa hacer nada. Con una mujer cuyo espÃritu se queda inerte en la resistencia, un hombre no puede hacer nada. Sentà que la vida naufragaba en mi cuerpo.
—Esta casa es terriblemente deprimente —le dije, mientras bailábamos mecánicamente—. ¿Por qué no haces algo? ¿Por qué no te liberas de esta maraña? ¿Por qué no rompes con esto?
—¿Cómo? —dijo ella.
La miré, preguntándome por qué me era súbitamente hostil.
—No tienes que luchar —dije—. No tienes que luchar contra esto. No te dejes prender en la maraña. Sólo tienes que dar un paso a un lado, a otro terreno.