Historias de lo oculto
Historias de lo oculto HabÃa luchado ya demasiado, incluso contra las más abrumadoras circunstancias, para volver a emplear la violencia por el amor. El deseo es una cosa sagrada, y no debe ser violada.
—¡Silencio! —me dije—. Dormiré, y el fantasma de mi silencio puede caminar, en el sutil cuerpo del deseo, al encuentro de lo que viene a su encuentro. Que vaya mi fantasma; yo no interferiré. Hay muchos encuentros intangibles, y desconocidas realizaciones del deseo.
Asà que me puse a dormir dulcemente, tal como deseaba, sin interferirme con el cálido fantasma, semejante al azafrán, de mi cuerpo.
Y debÃa haber llegado lejos, muy lejos, en las intrincadas galerÃas del sueño, al mismo centro del mundo. Porque sé que fui más allá de los estratos de las imágenes y las palabras, más allá de las venas de hierro de la memoria, e incluso de las joyas del reposo, sumiéndome en la oscuridad final como un pez, mudo, silencioso, sin imágenes, pero vivo y nadando.
Y en el corazón mismo de la profunda noche vino a mà el fantasma, en el corazón del océano del olvido, que es también el corazón de la vida. Más allá de lo que se oye, e incluso del conocimiento del contacto, la encontré y la reconocÃ. Cómo la reconocÃ, eso no lo sé. Pero la reconocà con una percepción sin ojos y sin alas.