Historias de lo oculto
Historias de lo oculto E incluso con la indagación de una conciencia tan leve, aquello pareció desaparecer. Como una ballena que ha llegado al fondo de los mares insondables. El conocimiento de aquello, que era la boda del fantasma y mÃa, desapareció de mÃ, con su rico peso de certidumbre, mientras el aroma de flor de ciruelo se movÃa por los senderos de mi conciencia y mis miembros se estremecÃan en una dulzura para la que no encuentro términos de comparación.
Al hacerme consciente, me hice también inseguro. QuerÃa tener certidumbre de aquello, tener una evidencia definida. Y, mientras yo buscaba la evidencia, aquello desapareció; mi perfecto conocimiento se habÃa esfumado. Ya no supe plenamente.
Luego, mientras el alba se aglomeraba lentamente en las ventanas, de las que habÃa descorrido las persianas, busqué en mà mismo la evidencia, y la busqué en la habitación.
Pero jamás sabré. Jamás sabré si era un fantasma, algún dulce espÃritu procedente de las entrañas del cosmos inacabablemente profundo: o una mujer, una auténtica mujer, según parece atestiguar la suavidad en mis miembros; ¡o un sueño, una alucinación! Jamás sabré. Ya que partà de Riddings aquella misma mañana, debido a la repentina enfermedad de lady Lathkill.
—Volverá —me dijo Luke—. Y, de cualquier modo, nunca se habrá separado realmente de nosotros.