Historias de lo oculto
Historias de lo oculto La cuestión era: ¿de quién tomar la pequeña vena? Porque el hombre del que se tomara moriría. De modo que, al comienzo, decidieron tomarla de un esclavo. Pero luego pensaron que un esclavo no era lo bastante bueno para servir de punto de partida al hombre inmortal. Así que decidieron pedir a alguno de sus fieles discípulos que se sacrificara. Pero aquello tampoco les pareció bien, porque podían de este modo obtener un hombre que no les gustara del todo, y al que no quisieran como origen del hombre que jamás moriría. Así que, finalmente, decidieron dejar la decisión a la suerte; reunieron a sus mejores y más doctos discípulos, y todos estuvieron de acuerdo en echar suertes. La suerte señaló a Aristóteles, y la pequeña vena se obtendría de su cuerpo.
Así, Aristóteles tuvo que aceptar. Pero antes de que le cortaran del cuerpo la pequeña vena, Aristóteles pidió a Maimónides que le tomara la mano y le jurara, por sus manos enlazadas, que jamás se interferiría con el crecimiento de la pequeña vena, jamás, en ningún momento y de ninguna manera. Maimónides le tomó de la mano y juró. Y entonces a Aristóteles le cortó la pequeña vena del cuerpo el propio Maimónides.