Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Pero, mientras pensaba esto, le dio un vuelco el corazón, porque se dio cuenta de que también él moriría. Se quedó inmóvil en plena calle, a pesar de que llovía, y la gente pasaba respetuosamente por su lado, creyendo que estaba recitando alguna gran plegaria. Pero él sólo estaba encerrado en un único pensamiento: yo moriré, me disiparé, pero esa pequeña chispa roja que procede de Aristóteles, el cristiano, jamás morirá. Vivirá por siempre y para siempre, como Dios. Tan sólo Dios vive por siempre y para siempre. Pero este hombre del jarro también vivirá por siempre y para siempre, incluso esa chispa roja. Será un hombre, y vivirá por siempre y para siempre, igual que Dios. ¡No, mejor que Dios! ¡Ya que, sin duda, valer tanto como Dios, y ser un hombre y vivir, eso sería mejor incluso que ser Dios!
El rabino Moisés Maimónides se sintió sobresaltado ante esa idea, como si le hubieran pinchado. E inmediatamente se puso a caminar por la calle en dirección a su casa, para ver si el resplandor rojo brillaba realmente. Cuando llegó frente a su puerta, se quedó inmóvil, con miedo a abrir. No podía abrir.