Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Cuando volvió en sÃ, la habitación estaba oscura, era casi de noche. Y el rabino Moisés Maimónides estaba asustado. No sabÃa de qué estaba asustado. Se puso en pie y miró hacia el jarro. Y le pareció que, en las tinieblas del anaquel, habÃa un débil resplandor rojo, como el ascua más pequeña de una hoguera. Pero no desaparecÃa, como lo hace la última ascua de una hoguera mientras se la mira. PermanecÃa, y brillaba un tenue resplandor moribundo que no morÃa. Entonces supo que estaba viendo el resplandor de la vida del hombre inmortal, y tuvo miedo.
Cerró con llave su habitación, a la que nadie entraba sino él, y salió a la ciudad. La gente le saludaba con venias y reverencias, porque era el más docto de los rabinos. Pero aquella noche todos le parecÃan muy lejos de él. Los veÃa pequeños, y, a sus ojos, hacÃan muecas como los monos. Y pensaba para sÃ: ¡todos morirán! ¡Hacen muecas de este modo, como los monos, porque todos morirán! ¡Sólo yo no moriré!