Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —Lorenzo dice que es un mundo nuevo. Yo digo que sólo es blanquete —gritó el hombre en la calle. La muchacha permaneció quieta y levantó un dedo enguantado en lana. Era sorda, y trataba de entender.
Sí, lo había captado. Soltó una risita veloz y cloqueante, echó una rápida ojeada al hombre del sombrero hongo, y luego otra al hombre junto a la puerta estucada, que sonreía como un sátiro mientras se despedía con la mano.
—¡Adiós, Lorenzo! —se oyó el grito resonante y hastiado del hombre del sombrero hongo.
—¡Adiós! —sonó el agudo grito de ave nocturna de la muchacha.
La puerta verde se cerró de un golpe; luego la puerta interior. Estaban los dos solos en la calle, salvo por el policía de la esquina. El camino torcía en abrupta pendiente colina abajo.
—¡Fíjate en cómo apoyas el pie! —aulló el hombre del sombrero hongo, inclinándose muy cerca de la erguida y viva muchacha, agachándose mientras andaba. Ella se detuvo un instante para asegurarse de lo que él había dicho.