Historias de lo oculto
Historias de lo oculto —¡Claro! —repuso en inglés—. ¿Puedo verla?
La madre superiora hizo sonar una campana, y apareció una monja joven. Era más bien pálida, pero habÃa algo ingenuo y travieso en sus ojos color avellana. La mujer mayor murmuró una presentación, y la mujer joven hizo una leve reverencia modesta. Pero Matthew le tendió la mano, como un hombre que se aferra al último asidero. La joven monja abrió sus blancas manos y, tÃmidamente, puso una de ellas en la suya, pasiva como un pájaro que duerme.
Y, en los insondables abismos de sus tinieblas, él pensó: «¡Qué mano tan bonita!»
Siguieron un corredor hermoso, pero frÃo, y llamaron a una puerta. Matthew, mientras andaba en lejanos abismos, seguÃa consciente de la suave y agradable voluminosidad del ropaje negro de la mujer que se movÃa con dulce y revoloteante apresuramiento delante suyo.
Se sintió aterrado cuando se abrió la puerta. Vio arder las velas alrededor del lecho blanco en la alta y noble habitación. Junto a las velas estaba sentada una monja, y vio su rostro moreno y primitivo enmarcado por la cofia blanca cuando alzó la mirada de su breviario. Luego se puso en pie. Era una mujer robusta. Hizo una leve reverencia, y Matthew percibió unas manos color crema oscuro moviéndose sobre un rosario negro sobre la rica seda azul de su pecho.